La estela que dejó la movilización del 27 de mayo (la visita de Néstor Kirchner a Tucumán) todavía no se disipó. Los Kirchner han explorado territorio tucumano y han dado el veredicto: es el sitio ideal para prolongar la recuperación de la imagen del matrimonio presidencial, de cara a las elecciones de 2011.

No hay lugar a dudas que la Argentina merecía una celebración de tanta magnitud para los festejos de los 200 años de la Revolución de Mayo. Es la gran fiesta de la Patria que capitalizaron los Kirchner para mejorar su popularidad. Nadie sabe cuánto se gastó, pero ese festejo quedó en la retina de los argentinos. Y ya está en preparación la segunda megafiesta, prevista para el 9 de julio en Tucumán, con escala en Rosario, el próximo domingo, en un acto para celebrar el Día de la Bandera.

En el medio de todo esto, el Mundial le está ganando una batalla a la inflación que, por ahora, salió de la agenda oficial, como esa estigma de los argentinos. Las expectativas del consumo mejoran cada vez que hay un torneo de fútbol. No se discute tanto por los precios, sino por los resultados que el seleccionado de Diego Maradona pueda obtener en Sudáfrica. Esta es una tendencia histórica. "Si bien un evento de esta magnitud no alcanza para aumentar el nivel de confianza de los consumidores, llama la atención cómo mejoran las expectativas de consumo en los días previos. Esta situación se explica principalmente por las tentadoras promociones que lanzan las cadenas de venta con la excusa del mundial y el clima festivo que se respira en las vísperas mundialistas", dice un reciente informe de la consultora privada Abeceb.com. La inflación que mide el Indec dejó de ser materia de discusión. Muchos sectores -aún afines al Gobierno, como la CGT- la ignoran cada vez que hay que tomar un parámetro de reclamo de incremento salarial. Pero ese fenómeno sigue latente, toda vez que en la Argentina crece una ecuación peligrosa: crecimiento del gasto público más emisión de moneda.

La experiencia dice que cada vez que se presentó ese escenario, el ciudadano tuvo que pagar las consecuencias: una mayor carga tributaria. Sin embargo, hay un factor que puede frenar esa forma de financiar el mayor gasto estatal: las elecciones de 2011. Resulta difícil que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner o el gobernador José Alperovich decidan aumentar los impuestos porque esa decisión no haría más que dañar su capital político y electoral. Un intento por reajuste de tarifas, por parte de la Sociedad Aguas del Tucumán, fue abortado desde la misma Casa de Gobierno. "No es el momento para avanzar sobre eso", se escuchó decir a un funcionario del gabinete. Oficialmente se argumenta que, en el planteo, hay imprecisiones de índole legal. No es lo mismo intentar hacerlo por decreto que por ley. La SAT deberá esperar o abortar el intento de aumento. Se trata de una movida mundial, de esas que sólo pueden quedar opacadas por el fervor futbolístico instalado en la sociedad. En la misma tesitura puede inscribirse la renegociación del contrato para que el Banco Tucumán siga siendo agente financiero de la Provincia o los costos que implicará la fiesta de la Independencia.

Un termómetro
Hasta ahora, la ejecución presupuestaria muestra las señales del ahorro. En los primeros cuatro meses (último dato disponible oficialmente), se consumieron unos $ 2.000 millones de lo previsto por el Ejecutivo, una cifra que representa el 29,27% de los $ 8.423 millones pautados (incluyendo las reservas y los gastos figurativos) para el ejercicio. Hay una meta de ahorro del 15% de los fondos de ese presupuesto y poco margen para seguir alimentando el gasto público. Claro que el mayor giro de fondos federales ayudará a disimular los excesos. Mientras crezca la recaudación no habrá turbulencias.

La Fiesta de la Independencia puede llegar a costar unos $ 2 millones, según los cálculos que hacen algunos referentes cercanos al oficialismo y a los preparativos. Es la misma suma que Mauricio Guzman gestiona para cubrir todo el calendario del Setiembre Musical. Hay una firme intención de que el 9 de Julio sea una secuela del 25 de Mayo, pero no la convicción de que el gasto salga del bolsillo del Ejecutivo. Existe la promesa kirchnerista de que la mayor parte de esa suma (que servirá para pagar artistas, armar un desfile y abonar los viáticos al personal afectado, más otros gastos de organización) sea aportado por la Nación. El resto (en proporciones casi iguales) sería erogado por el Ejecutivo y por los intendentes. Son los gastos anticipados de campaña.